'Pensé que iba a morir': El desgarrador testimonio de una panameña que sobrevivió al terremoto en México de 1985

Hoy, más de cuatro décadas después, Ana Conte Liao es bombera desde hace más de 30 años y asegura que aquella experiencia cambió por completo su vida.

El testimonio de Ana Conte Liao, la panameña que sobrevivió al terremoto de México en 1985

Ciudad de Panamá/Las devastadoras imágenes del colapso de edificaciones tras el reciente terremoto en Venezuela revivieron en la panameña Ana Conte Liao uno de los episodios más difíciles de su vida. Con apenas 18 años, sobrevivió al terremoto que sacudió la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985, una tragedia que dejó miles de muertos y marcó para siempre su historia.

Conte Liao relató por primera vez públicamente la trágica experiencia que vivió cuando quedó atrapada bajo tierra en la estación del metro Pino Suárez, uno de los puntos más concurridos de la capital mexicana.

"Mi primera impresión fue: 'me voy a morir' y la segunda fue que mi familia nunca iba a saber dónde iba a quedar mi cadáver", recordó con evidente emoción.

La panameña explicó que apenas llevaba unos meses viviendo en México cuando el terremoto de magnitud 8.1 sorprendió a miles de personas durante las primeras horas de la mañana.

Inicialmente, confesó que ni siquiera comprendía lo que estaba ocurriendo.

"Yo pensé que me había mareado y que me iba a desmayar, porque nunca había vivido un temblor", contó.

En cuestión de segundos, el cielo raso de la estación comenzó a desprenderse, se interrumpió el suministro eléctrico y una inmensa nube de polvo cubrió los túneles del metro.

"No podíamos respirar. Todo era oscuridad, polvo y gritos. Escuchábamos a los niños llamando a sus madres y a las madres buscando a sus hijos", narró.

Durante varias horas permaneció atrapada junto a miles de personas que intentaban encontrar una salida entre el caos.

Según recordó, fue un hombre desconocido quien terminó convirtiéndose en la diferencia entre la vida y la muerte.

Mientras avanzaban por los túneles, dijo que debieron caminar entre escombros e incluso pasar sobre cuerpos de otras personas.

Pienso que fue un ángel. Dios me puso un señor en el momento que yo lloraba y gritaba. Él me dijo que recogiera mi mochila y que no me detuviera a ayudar a nadie porque la multitud me iba a aplastar. Me agarré del señor con todas mis fuerzas y, como podíamos, salíamos. Me duele decirlo, pero pisábamos cabezas de las personas, de niños, y corríamos", relató entre lágrimas y con una profunda conmoción.

Ana Conte Liao recordó que no logró salir de la estación hasta aproximadamente las tres de la tarde, casi ocho horas después del primer sismo.

Al emerger, encontró una ciudad completamente devastada.

"Ahí nos dimos cuenta de que no había sido una bomba, sino un terremoto. Había carros incrustados en grietas de las carreteras, edificios colapsados y cables eléctricos", recordó.

La falta de comunicaciones mantuvo durante horas a su familia en Penonomé sin noticias sobre su paradero.

Gracias a una cadena de radioaficionados, un mensaje logró llegar hasta Panamá confirmando que seguía con vida. Posteriormente, su hermano logró viajar a México para buscarla y logró encontrarla antes de que ocurriera el segundo terremoto registrado al día siguiente.

Hoy, más de cuatro décadas después, Ana Conte Liao es bombera desde hace más de 30 años y asegura que aquella experiencia cambió por completo su vida.

Explicó que decidió capacitarse en atención de emergencias tras comprender la importancia de estar preparados frente a desastres naturales.

A su juicio, Panamá todavía tiene importantes retos y falta mucha educación en materia de prevención.

Entre las principales recomendaciones, sugirió que todas las familias cuenten con una mochila de emergencia equipada con linterna, medicamentos, agua y documentos importantes, además de establecer previamente un punto de encuentro en caso de evacuación.

"En mi casa todos saben cuál es el punto de encuentro si ocurre un incendio, un terremoto o cualquier otra emergencia", señaló.

Aunque admite que aún le cuesta hablar de lo ocurrido en 1985, Ana Conte Liao aseguró que decidió compartir su testimonio con la esperanza de que su experiencia sirva para crear mayor conciencia sobre la importancia de la prevención.

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