Contenido exclusivo: Dietilenglicol, 20 años de dolor

El Centro Especializado de Toxicología de la CSS atiende a una población de más de 2,300 personas que presentan cuadros sospechosos o secuelas. Sin embargo, hasta hoy hay cerca de 890 personas reconocidas. Cerca de 1,500 personas se encuentran en una franja de incertidumbre, atrapadas entre diagnósticos inconclusos y respuestas negativas.

Contenido exclusivo: Dietilenglicol, 20 años de dolor / TVN Noticias

Ciudad de Panamá, Panamá/Hace dos décadas, Panamá vivió una de las peores tragedias de salud pública de su historia y el evento de envenenamiento masivo por medicamentos contaminados más grave registrado en el mundo. La Caja de Seguro Social (CSS) fabricó y distribuyó decenas de miles de frascos de jarabes contaminados con dietilenglicol, una sustancia industrial altamente tóxica.

El saldo oficial de la catástrofe asciende a 291 fallecidos y centenares de personas con secuelas reconocidas. Sin embargo, para cientos de panameños, esta crisis no pertenece al pasado: las secuelas físicas son diarias y el laberinto burocrático para ser reconocidos por el Estado mantiene abierta una herida que no logra cicatrizar.

Vivir contra el dolor

En Torrijos Carter, la señora Saturnina Córdoba vive atrapada en un dolor incansable. En 2006 consumió un expectorante sin azúcar fabricado por la CSS, uno de los cuatro medicamentos contaminados. Desde entonces, convive con neuropatías severas.

“Esas secuelas del veneno me tienen muy mal. Noches que no duermo por ese calor tan grande que me da; siento que me estoy quemando. En dos ocasiones me han negado el reconocimiento alegando que no tengo receta médica. Ellos tienen que saber que fue culpa de ellos, no nuestra. No estamos pidiendo limosnas, estamos pidiendo nuestros derechos”, denuncia Saturnina.

Jarabe con dietilenglicol
Jarabe con dietilenglicol / TVN Noticias

Una historia similar vive Elena, de 28 años, quien reserva su identidad real por lo difícil que es para ella el tema. En su hogar, la tragedia afectó a tres generaciones: su abuela, su tía, su prima, su madre, sus dos hermanas y ella ingirieron las medicinas.

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“De los cinco criterios exigidos, cumplo con dos, pero ellos me dicen: 'no, tú no'. Hay días en que ni siquiera me puedo levantar de mi cama por los dolores. Y esto me produce enojo porque todos estamos pagando por los errores de otras personas”, expresa.

Casos de afectados
Casos de afectados / TVN Noticias

La paradoja del reconocimiento y el vacío médico

El Centro Especializado de Toxicología de la CSS atiende a una población de más de 2,300 personas que presentan cuadros sospechosos o secuelas. Sin embargo, hasta hoy hay cerca de 890 personas reconocidas. Cerca de 1,500 personas se encuentran en una franja de incertidumbre, atrapadas entre diagnósticos inconclusos y respuestas negativas.

¿Cómo se confirma un caso positivo por dietilenglicol?

  1. Ingesta comprobada de algún medicamento contaminado entre 2004 y 2006
  2. Insuficiencia renal no atribuible a otras patologías.
  3. Daños neurológicos inexplicables.
  4. Agravamiento sin causa evidente de enfermedades preexistentes tras la ingesta.
  5. Estudios médicos que demuestren daño orgánico compatible.

Según la Ley XX de 2010, basta con cumplir un solo criterio para ser reconocida como víctima y tener acceso a la pensión vitalicia.

800 son reconocidos como víctimas
800 son reconocidos como víctimas / TVN Noticias

Gustavo Santamaría, director de oficiales de cumplimiento de la CSS, sostiene que "no hay envenenamiento crónico evidenciado en la literatura médica mundial”. Es decir, el dietilenglicol entra y sale del cuerpo: 20 años después, ningún paciente debería tenerlo. A eso la ciencia le llama “envenenamiento agudo”. Y sostiene que “hay personas que han presentado algunas secuelas o signos muy afines sin ser envenenados con dietilenglicol”.

Hildaura Acosta, directora del Centro de Investigación e Información de Medicamentos y Tóxicos (Ciimet) de la Universidad de Panamá, coincide en que el dietilenglicol no es un tóxico que se queda en el cuerpo (a diferencia del plomo), pero sostiene que el caso de Panamá fue único, porque el veneno estuvo presente en múltiples medicamentos y en muchas concentraciones, desde dosis letales hasta muy pequeñas, consumidas durante varios días por quienes tenían recetas. “La literatura ha documentado los efectos agudos fundamentalmente, pero los sobrevivientes que más tiempo han estado con nosotros (vivos) son los de Panamá. Por tanto, todo esto que la gente está viviendo no está documentado".

Sin suficiente evidencia, seguirle el trazo a las secuelas a largo plazo se vuelve complejo. A eso se suma que, pese a haber vivido uno de los peores envenenamientos masivos del último siglo, Panamá no ha formado toxicólogos clínicos que recojan evidencias.

Criterios para reconocer una víctima por envenenamiento por dietilenglicol
Criterios para reconocer una víctima por envenenamiento por dietilenglicol / TVN Noticias

“No han usado los criterios y no existen métodos toxicológicos. La Corte Suprema le ha dicho al Minsa que tiene que hacerle exámenes a todos los pacientes que estaban declarando negativo aunque tuvieran criterios correspondientes, y no lo han hecho”, afirma Daniel Sarmiento, vicepresidente del Comité de Pacientes y Familiares Envenenados con Dietilenglicol.

Entre 2015 y 2025, la comisión evaluadora del Minsa recibió 1,383 expedientes. No obstante, se desconoce qué porcentaje de estos fue rechazado o admitido. Ante las consultas de TVN Noticias, el Ministerio de Salud declinó emitir comentarios.

La cadena de omisiones: de China a los laboratorios de la CSS

La tragedia en salud pública no fue un accidente fortuito, sino la consecuencia de una cadena de negligencias, falsificaciones y fallos en los controles de calidad a nivel global y local.

Un fabricante produjo glicerina de grado industrial, no apta para consumo humano. El certificado de análisis del producto fue alterado para indicar una pureza del 99.5%, cuando en realidad contenía dietilenglicol.

Luego, un intermediario español modificó el certificado de autenticidad para colocar sus datos en lugar de los del proveedor chino. Posteriormente, alegó desconocer que la glicerina no era para consumo humano.

Un nuevo intermediario, esta vez panameño, adquirió la sustancia. El producto permaneció almacenado en sus bodegas durante dos años, llegando incluso a vencerse. A pesar de esto, el intermediario alteró la fecha de caducidad sin realizar pruebas y vendió la glicerina a la Caja de Seguro Social.

Algunas pancartas de las protestas por afectados de envenenamiento masivo
Algunas pancartas de las protestas por afectados de envenenamiento masivo / TVN Noticias

Ya en manos de la institución, la CSS produjo 46 bidones de glicerina de grado farmacéutico. Con ella se fabricaron 260 mil frascos de jarabe para la tos. De nuevo: sin hacer ninguna prueba de control de calidad. 60 mil frascos fueron distribuidos por el país.

Análisis posteriores demostraron que algunos lotes de jarabe contenían hasta un 8% de dietilenglicol, una concentración 80 veces superior al límite máximo tolerable para el organismo. La materia prima original presentó concentraciones del tóxico hasta 220 veces por encima de los parámetros de seguridad.

Un sufrimiento sin fecha de caducidad

En Coclé, Yahaira Ureña relata cómo su hija fue envenenada cuando tenía solo 9 meses de nacida. Años después, tras luchar por la salud de su hija, ella misma comenzó a experimentar el deterioro en sus huesos.

“Son unos días insoportables; sientes cómo te doblan y te trituran los huesos. Que terminen con este calvario ya y certifiquen a las personas que estamos envenenadas”, exige Yahaira.

Es cierto que el dietilenglicol entró y salió del cuerpo de cientos de personas en cuestión de horas. Pero para muchos, su rastro dejó heridas que, 20 años después, nada ha logrado curar. Y no solo porque sufren a diario los efectos del veneno, sino porque, además de su dolor, les toca cargar con el peso del olvido.

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