Panamá regresa a las escuelas con los mismos retos operativos de siempre

Educación en Panamá

Educación.
Educación. / TVN Noticias

La mayoría de los estudiantes retornaron a las aulas después de estar dos años fuera de ellas. Los retos operativos a corto plazo son los mismos de siempre: falta de agua, infraestructuras a medio terminar, techos cayéndose, falta de equipos, inseguridad y un largo etcétera que escenificarán los medios durante toda la semana. Falencias perpetuas que solo retratan de cuerpo entero la perversa burocracia y dejadez de todos los gobiernos –pasados y presentes– para con la educación oficial.

En otra escena, el presidente Laurentino Cortizo dijo la semana pasada que “estaba cansado” de que los estudiantes salieran mal en las pruebas internacionales y aseguró que en la próxima prueba de seguro también saldrán mal, refiriéndose a la prueba PISA que tomará el país este año. Pero tal pronóstico no es ninguna joya de clarividencia si echamos una mirada al problema histórico y estructural de la educación en el país, que tiene, según varios docentes, un retraso de al menos 40 años. Los estudiantes también deben estar cansados –y mucho más que el presidente– de cargar con la culpa de un sistema fallido cuando en realidad son sus peores damnificados.

Presidente, Laurentino Cortizo. Foto/Tomada de Twitter
Presidente, Laurentino Cortizo. Foto/Tomada de Twitter

Y es que la crisis del sistema educativo no empieza ni termina con las pruebas internacionales. De acuerdo a Sharon Pringle, educadora popular, no podemos culpar a los estudiantes de que no tengan lo que no están siendo provocados a experimentar. En un país donde se evitan “reflexiones urgentes que atiendan al contexto, donde el y la estudiante padecen los efectos del adultocentrismo, donde se les condena la diversidad de pensamiento, y operan situaciones de desigualdad que son ascosas, no podemos condenarles, sería antojadizo”, reflexiona.

Hay conquistas en papel, como el 6% del PIB como inversión estatal mínima en educación, pero que ningún gobierno ha cumplido hasta ahora. También hubo un aumento histórico y muy merecido a los educadores implementado en la última década y tuvimos –porque se perdió con la pandemia– una cobertura educativa por encima del 96%. Aun así, los muchos estudios y diagnósticos de todos los colores sobre la educación panameña dan cuenta de problemas estructurales que desembocan en un solo resultado: la mala calidad en general, tanto en la educación oficial como en la particular.

Esa "mala calidad" puede tener muchas interpretaciones. En el mercado laboral se entiende como la falta de "habilidades blandas", que al final se resumen en la ausencia de capacidades para analizar, escribir, articular ideas, participar y relacionarse de manera sana con los demás y con la sociedad. En un contexto más amplio, esas habilidades blandas se adquieren con una educación que fomente el pensamiento crítico y reflexivo en todos los niños y niñas del país.

Para Samuel Prado Franco, politólogo, filósofo, profesor y autor del libro Hogueras Rebeldes, una compilación del movimiento estudiantil panameño, eran precisamente las federaciones estudiantiles secundarias –extinguidas casi en su totalidad con la vuelta a la democracia– las que germinaban el civismo, el patriotismo, el nacionalismo y la formación político ideológica que luego cosechaban los estudiantes participando con un pensamiento crítico, reflexivo y valores humanistas y democráticos en la vida política del país.

Ministra de Educación, Maruja Gorday de Villalobos.
Ministra de Educación, Maruja Gorday de Villalobos. / Foto/TVN Noticias

La Federación de Estudiantes de Panamá que, con todas sus contradicciones, fue la más grande que ha tenido el país en su historia, desapareció en 1984 bajo el régimen dictatorial de Noriega; como año antes fue reprimido el movimiento estudiantil y “casi extinguido” durante el mandato de José Antonio Remón Cantera, entre 1952 a 1955, también bajo un régimen de corte militar, explica Prado.

Una revolución educativa “urgente y necesaria”

La Ley Orgánica de Educación que rige actualmente data de 1946. Fue inspirada en el legado del educador panameño José Daniel Crespo; y aunque, según Prado, “tenía una impronta progresista, humanista, de avanzada social y liberal”, como la sociedad cambia, esa ley “en muchos aspectos se ha quedado corta”.

La próxima gran reforma educativa que nació en el seno del torrijismo se implementó en 1979, pero fue derogada por una contundente oposición de sectores educativos liderados por Marco Alarcón (quien después sería ministro de Educación bajo la presidencia de Guillermo Endara). La misma, que los oponentes tildaron de “comunista” contenía algunos avances en materia educativa así como polémicas tintes para un culto a la personalidad de Torrijos. En el entender de Prado, esa lucha se instrumentalizó para movilizar a los gremios en contra del régimen militar, lo que se logró.

Pringle, educadora popular, dice que para plantear los desafíos actuales de la educación, primero tenemos que hablar del sistema educativo que tenemos, y éste es uno “adultocentrista, que no solo no escucha, sino que condena la diferencia de criterios, la diversidad de pensamiento…un sistema educativo formal que, en suma, es reproductor de ese sistema opresivo que nos coloca en situaciones de desigualdad”.

Justo con la vuelta a la democracia se debilitan también las materias humanistas –acortándole horas o eliminándolas de plano- de los currículos escolares. Poco a poco se vuelca gran parte del sistema educativo hacia carreras técnicas y de rápida inserción al mercado laboral bajo el mantra de la competitividad, algo que no es malo per sé, pero que no puede reemplazar la educación humanista que todos los estudiantes deberían recibir, agrega Prado.

En la provincia de Chiriquí el 95% de las escuelas está preparada para recibir a los estudiantes.
En la provincia de Chiriquí el 95% de las escuelas está preparada para recibir a los estudiantes. / TVN Noticias.

Ambos coinciden en que una revolución educativa es necesaria y urgente. Pringle la ve como un tránsito hacia una educación liberadora, una que precisamente nos libere de la desigualdad que perpetúa. También resalta la importancia de problematizar profundamente el concepto de comunidad educativa, porque de lo contrario “nos podemos pasar décadas en peleas de egos, orgullos, verdades absolutas, ropajes de modelos educativos que no nos quedan y otras aguas de colores que suenan bonitas de momento, (pero solo) serán la curita de un sistema que nos duele”.

Los gobiernos podrían pasar del cansancio a la acción con un primer paso: el de la voluntad.

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