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Ciudad de Panamá/La violencia contra la mujer en Panamá enfrenta obstáculos que van más allá de la falta de tipificación en las leyes.
Según Lucy Córdoba, activista de derechos humanos, el principal enemigo actual es la naturalización de la agresión. "Cuando hablamos de violencia cultural no nos referimos a un grupo étnico o económico específico, sino a la costumbre y normalización de la violencia", explica la defensora.
Esta normalización se refleja en un patrón de conducta alarmante que se ha extendido hasta las escuelas: la sociedad decide observar, grabar y esperar en lugar de auxiliar. Córdoba señala que compartir estos vídeos en redes sociales no promueve la prevención, sino que multiplica la agresión y nos empuja como humanidad hacia una profunda deshumanización.
Uno de los mayores frenos para combatir el abuso sexual infantil y la violencia de género es la llamada cultura del silencio. En regiones apartadas como Tierras Altas, las víctimas no denuncian porque no existen cuarteles de policía ni sedes del Ministerio Público accesibles las 24 horas.
Además, en los casos de incesto o violencia intrafamiliar, las madres enfrentan una cruda realidad: la dependencia económica. "Si meto preso al padre de mis hijas, ¿quién nos va a mantener?", cuestiona la activista, evidenciando el dolor de las víctimas que cargan con el trauma de no poder señalar a sus propios agresores.
Para Córdoba, la solución no recae en una sola institución. Se requiere una verdadera intersectorialidad que involucre al Ministerio de Educación, al Mides y al Senniaf, entendiendo que la prevención debe comenzar en los hogares y las escuelas.
Frente a este panorama, la experta envía un mensaje directo a los menores de edad: su voz tiene poder. Amparados en el artículo 12 de la Convención de los Derechos del Niño y la Ley 409, los adolescentes y niños tienen derecho a un defensor y a ser escuchados directamente por el Ministerio Público.
"Puedes presentarte y decir: tengo 15 años y soy víctima de violencia. Tienes el poder de hacerlo y no debes esperar a que alguien lo haga por ti", enfatiza Córdoba.
Mientras las cifras oscuras de los abusos no denunciados siguen en aumento, el llamado de la sociedad es claro: dejar de ser espectadores de la violencia y convertirse en redes de apoyo para proteger a las víctimas.