Tierra Lejana
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Los Santos/En Búcaro, provincia de Los Santos, el mar ocupa espacios que antes eran tierra firme. Según los testimonios recogidos por TVN Noticias, después del terremoto del pasado 9 de octubre quedaron áreas inundadas y sectores de la comunidad al nivel del agua. Donde antes desembarcaban los pescadores, ya no pueden dejar sus lanchas; ahora utilizan otro punto, cerca de las primeras viviendas.
El puerto donde nosotros desembarcábamos y todo, desapareció. Porque ya no se puede dejar las lanchas ahí porque eso se inundó por ahí”, relató un pescador de esta comunidad del distrito de Tonosí, en Los Santos.
Su testimonio describe un cambio que permanece después del sismo: el agua ha ocupado nuevas áreas y ha modificado los lugares que utilizaban para trabajar. La extensión y las causas de esa transformación requieren una evaluación técnica.
“Ahora hay otro puerto que hizo el mismo mar porque el mar se desapareció y cuando vino, vino arrasando con todo. Se trajo a los botes cerca de la costa”, explicó.
Las imágenes captadas muestran la zona pesquera y el lugar donde quedaron las embarcaciones, próximas a las primeras casas del pueblo.
Una residente recuerda que el nivel del agua subía cuando, en cuestión de segundos, el mar se retiró. El temor de que regresara con fuerza la llevó a abandonar el lugar.
“Yo digo, bueno, aquí hay que salir porque en cualquier momento, así como se fue, ella puede regresar. Y salimos inmediatamente”, contó una residente.
Ella tomó el carro y avanzó hasta donde pudo. La carretera estaba partida y los daños dificultaban la salida.
Los relatos describen el retiro y regreso del agua, además de áreas que quedaron inundadas. El 9 de octubre, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) descartó el peligro de tsunami, aunque advirtió sobre posibles variaciones en el nivel del mar.
El cambio también alcanza la actividad pesquera. Según lo recogido durante el recorrido, quienes han vuelto a salir deben alejarse más para encontrar capturas: antes recorrían unas tres millas náuticas y ahora llegan a distancias de entre seis y diez millas.
En tierra, muchas casas permanecen vacías. Las familias se refugian en una carpa principal y en tiendas pequeñas instaladas en sus alrededores. Algunos residentes regresan durante el día para revisar sus viviendas o limpiarlas, pero luego vuelven al campamento por temor.
El camino entre Tonosí y Búcaro también conserva las huellas del terremoto: laderas con desprendimientos, carreteras agrietadas, tramos hundidos y viviendas y edificios desplomados.
Para las familias de Búcaro, la emergencia continúa entre las carpas y la costa. El mar que les permite ganarse la vida ocupa ahora espacios que antes utilizaban, mientras esperan saber en qué condiciones podrán regresar a sus casas y retomar su trabajo.
Con información de Luis Alberto Jiménez.