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San Miguelito, Panamá/La construcción del teleférico que conectará la ciudad de Panamá con San Miguelito sigue dando pasos en la mesa técnica antes de llegar al terreno. Este 21 de abril de 2026, el titular del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial, Jaime A. Jované C., se reunió con el director del Metro de Panamá, S.A., César Pinzón, para afinar detalles clave de un proyecto que apunta a transformar la movilidad en sectores históricamente congestionados.
El encuentro tuvo lugar en el Despacho Superior del Miviot; el equipo técnico del Metro expuso los componentes operativos de la obra. El director de proyectos, Carlos Cedeño, detalló que el teleférico tendrá una extensión de 6.6 kilómetros y seis estaciones: Balboa, Cincuentenario, Samaria, Mano de Piedra, Valle de Urracá y Torrijos Carter. La promesa es concreta: movilizar hasta 2,800 pasajeros por hora y recortar el trayecto completo a 25.63 minutos.
Pero más allá de los números, la reunión giró en torno a lo que no se ve en los renders: servidumbres, uso de suelo y ordenamiento territorial. Es decir, el entramado legal y urbano que suele definir si un proyecto avanza sin tropiezos o se queda atrapado en conflictos.
“Nos estamos adelantando para que todo quede perfectamente coordinado y preparado”, afirmó Jované, al subrayar que la intención es evitar afectaciones durante la construcción. El ministro no dudó en enmarcar la obra como una de las apuestas más importantes del gobierno de José Raúl Mulino.
A la reunión también asistió un equipo técnico del Miviot, incluyendo a Guillermo Leblanc, Kathy Escalona, Yennifer Cedeño y Eduardo Gutiérrez, quienes trabajan en áreas que van desde desarrollo social hasta planificación territorial. Su participación refleja la complejidad de un proyecto que no solo implica levantar infraestructura, sino también reorganizar espacios urbanos y coordinar intereses diversos.
El teleférico Panamá-San Miguelito busca beneficiar directamente a más de 300 mil personas. Sin embargo, su éxito dependerá no solo de cables y estaciones, sino de cómo se resuelvan, desde ahora, los detalles invisibles que suelen marcar la diferencia entre una obra funcional y una fuente de conflictos urbanos.