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Ciudad de Panamá/“No es normal que comas y te sientas sin energía”.
El reciente relanzamiento de la pirámide alimenticia en Estados Unidos y su mensaje "Come comida real" volvieron a poner sobre la mesa una afirmación que la ciencia respalda desde hace años: una mala alimentación enferma.
El aumento sostenido de enfermedades crónicas, inflamatorias y metabólicas ha obligado a replantear el orden de prioridades en la mesa, dando mayor protagonismo a los alimentos reales y reduciendo el consumo de los ultraprocesados. En ese contexto, las dietas antiinflamatorias han ganado fuerza, especialmente en redes sociales, aunque no siempre con información clara ni responsable.
Para entender qué hay detrás de esta tendencia y cuándo realmente es necesaria, TVN-2.com conversó con César Diaz, especialista en nutrición deportiva, quien advierte que no se trata de una moda, sino de un enfoque clínico y preventivo que debe aplicarse con criterio.
Diaz explica que el objetivo principal de una dieta antiinflamatoria es reducir la carga inflamatoria del organismo, identificando primero los alimentos que cada persona no tolera y reforzando el consumo de aquellos que contienen componentes antiinflamatorios naturales.
El cuerpo, señala, tiene mecanismos propios para controlar la inflamación, pero estos funcionan mejor cuando se les apoya desde la alimentación. Incluir alimentos con propiedades antiinflamatorias optimiza esa respuesta natural y mejora la función metabólica y digestiva.
No todas las personas requieren seguir una dieta antiinflamatoria estricta. Según el especialista, este patrón alimenticio está indicado principalmente para personas con condiciones inflamatorias diagnosticadas, como enfermedad de Crohn, esófago de Barrett u otros trastornos gastrointestinales.
Sin embargo, aclara que la población general sí debería consumir alimentos antiinflamatorios, lo cual no es lo mismo que seguir una dieta terapéutica. “Cuando hablamos de dieta, hablamos de un patrón de alimentación”, explica, diferenciando entre un tratamiento clínico y hábitos saludables preventivos.
Uno de los mitos más extendidos es que los carbohidratos son los principales responsables de la inflamación. Diaz desmiente esta idea y advierte que la inflamación también puede ser causada por el abuso de alimentos grasos, ácidos, carnes rojas en exceso y productos altamente concentrados en sabor.
Incluso, resalta que existen carbohidratos con propiedades antiinflamatorias, especialmente los tubérculos enteros. El problema no es el nutriente en sí, sino la cantidad, la frecuencia y el nivel de procesamiento, puntualizó.
Entre los alimentos que ayudan a reducir la inflamación, mencionó el jengibre, la cúrcuma, la pimienta, nueces y la canela en pequeñas cantidades, así como proteínas magras, aceites vegetales como oliva y aguacate, y alimentos enteros poco procesados.
Desde el punto de vista clínico, el nutricionista advirtió que la inflamación asociada a la alimentación suele manifestarse con síntomas claros, aunque muchas personas los normalizan.
Entre ellos destacan la sensación de pesadez, somnolencia tras comer, reflujo, agruras, dolor abdominal, cólicos, diarreas, estreñimiento y, en algunos casos, lesiones o prurito en la piel, en brazos, cuello o rostro.
Cuando estos síntomas son repetitivos y la lista de alimentos “que caen mal” aumenta, incluso con productos que antes eran bien tolerados, puede tratarse de una inflamación crónica no controlada.
“Cuando el paciente come muy tarde, se acuesta y al día siguiente se levanta con cólicos o con dolor, eso es un signo clarísimo de inflamación intestinal”, afirmó.
Mantener el cuerpo en un estado inflamatorio constante no solo afecta el sistema digestivo. Diaz subrayó que esta condición aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles, como diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
Además, la inflamación persistente puede activar mediadores inflamatorios asociados a enfermedades autoinmunes, cáncer o tumores, lo que impacta directamente la calidad y expectativa de vida.
Ante el nuevo enfoque de la pirámide alimenticia estadounidense, Diaz recomendó aumentar el consumo de proteínas magras de origen animal, priorizando cortes con bajo contenido graso, y reforzar la ingesta de alimentos reales e íntegros.
Aclaró que “integral” no significa solo alto en fibra, sino alimentos que no han sido manipulados ni ultraprocesados, como papa, camote, otoe, yuca y plátano. La reducción de ultraprocesados, explicó, es clave para disminuir la inflamación sostenida en la población.
“Cuando hay mucha inflamación, se puede activar un poco más algo llamado IL-6, que es interleucina 6, y algo llamado FNT, que se llama factor de necrosis tumoral, que son dos agentes que, cuando están demasiado pronunciados en nuestro cuerpo, los riesgos de desarrollo de cáncer, apariciones de tumores y demás pueden aumentar y, obviamente, sabemos que estos sí son componentes o agentes, situaciones, que pueden aumentar o disminuir la calidad de vida del paciente”, detalló.
Según su experiencia clínica, los primeros cambios pueden sentirse desde la primera semana, especialmente a nivel sensorial: más energía, mejor digestión, mejor calidad del sueño y menor inflamación.
No obstante, aclara que muchas personas tienen expectativas irreales sobre resultados físicos inmediatos, cuando los beneficios iniciales suelen ser funcionales.
El especialista reconoce que factores como el estrés, la falta de sueño y los largos tranques influyen directamente en la inflamación. Estas condiciones llevan a las personas a “resolver” con alimentos rápidos y ultraprocesados, comprometiendo su salud a largo plazo.
Frente a esta realidad, sostiene que la labor del nutricionista es crear estrategias prácticas, accesibles y sostenibles, que se adapten al ritmo de vida del paciente sin perjudicar su salud.
“Quizás inicialmente uno lo siente (…) pero si te diagnosticaron la enfermedad a los 30 años, una pastilla que te costaba 70 centavos, todos los días cuando vas a hacer la sumatoria, tú te estás gastando $35 mil, $65 mil, 95 mil dólares en todo lo que va de tu vida, simplemente para tratar de mantener a nivel de medicamento una condición que desarrollaste a la n edad cantidad de años. Entonces, sí, la factura es grande”, remarcó.
Para Diaz, la alimentación saludable solo es costosa cuando se prioriza la comodidad. Comprar alimentos ya procesados o listos eleva el precio, mientras que los alimentos reales, comprados y preparados en casa, resultan más rentables en el tiempo, indicó.
Ejemplos como frutas enteras, tubérculos, huevos y compras en mercados populares permiten cubrir varias comidas con bajo presupuesto. “Lo costoso es directamente proporcional a lo fácil que lo quieras”, señaló.
“Traten de buscar alimentos reales y que ustedes puedan procesar y que no busquen simplemente querer cambiar el supermercado por completo de la noche a la mañana. Vayan agregando progresivamente estos alimentos como vegetales, tubérculos enteros, frutas enteras, paquetes de frutas, y dejen de estar comprando galletas, papitas, golosinas, frutos secos acaramelados porque van a salir muchísimo más costosos en el tiempo a pesar de que sabemos que ya están en sobre y todo lo demás”, recomendó.
Diaz instó a las personas a enfocarse en los “resultados que tienen inmediato cuando consumen alimentos inflamatorios”, y subrayó que “no es normal que comas y te sientas sin energía, no es normal que comas y dependas de dormir para poder seguir funcionando”.
“No es normal. Los alimentos representan energía y deberíamos sentir energía cuando nosotros consumimos alimentos”, enfatizó el especialista.
En Panamá, según estadísticas de la Caja de Seguro Social, más del 50% de la población padece de enfermedades crónicas no transmisibles como obesidad, diabetes, hipertensión arterial y condiciones cardiovasculares.
De acuerdo con el Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá, 7 de 10 personas tienen problemas de sobrepeso y obesidad, lo que también representa factores de riesgo de enfermedades de varios tipos de cáncer.
Según la organización, en la mayoría de los países de la región, incluyendo a Panamá, la población ha aumentado el consumo de grasas trans de producción industrial, azúcares y alimentos procesados.
Informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) colocan como causa principal y prematura de defunciones esta lista de enfermedades asociadas a la mala alimentación, inactividad física y estilos de vida poco saludables.
Solo en las Américas mueren aproximadamente 62 millones de personas a causa de enfermedades cardiovasculares, mientras que en Panamá mueren alrededor de 15 mil personas a causa de los mismos problemas, que, según dijo Diaz, son desarrollados a lo largo de la vida.