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Cada año, Panamá suma más de 1,500 nuevos casos de VIH; la mayoría ocurre en jóvenes de entre 20 y 29 años, y aun así, más de 200 personas mueren por sida, muchas por llegar tarde al diagnóstico.
El doctor Orlando Quintero, no habla del VIH desde los libros; lo hace desde su propia experiencia. Médico pediatra, activista y director de la Fundación Probisida, Quintero conoce de cerca el miedo y el estigma; por eso, su mensaje es claro: la prevención y la prueba anual pueden salvar vidas.
“Salir positivo a VIH no significa que se acabó tu vida”, repite con convicción. Pero advierte que el sistema de salud debe garantizar algo más que medicamentos: seguimiento, continuidad en la atención y, sobre todo, cero discriminación.
En Panamá, cada año se registran alrededor de 1,500 nuevos casos de VIH y más de 500 casos de sida, lo que suma cerca de 1,800 diagnósticos anuales.
Las muertes, aunque han disminuido gracias a los tratamientos, aún rondan las 200 al año.
Uno de los datos más alarmantes es que el 50 % de los diagnósticos se hacen de forma tardía, cuando la persona ya se encuentra en etapa sida. De ese grupo, entre un 10 % y 15 % fallece, muchas veces por no haber iniciado tratamiento a tiempo.
Panamá sigue siendo de los primeros países más afectados en América.
“Qué significa esto: Nos está fallando por la prevención”, sentencia Quintero. Panamá, según advierte, sigue siendo uno de los países con más nuevos casos en Centroamérica.
Quintero señaló que antes, el grupo más golpeado estaba entre los 30 y 39 años. Hoy, la realidad cambió. La mayoría de los nuevos contagios se concentra entre los 20 y 29 años, y el grupo de 15 a 19 años está creciendo rápidamente.
Por eso, desde Probidsida se impulsan campañas dirigidas directamente a la juventud, promoviendo la educación entre pares y el acceso a pruebas gratuitas. Desde 2007, la fundación ha impactado a casi 200 mil jóvenes a nivel nacional, en coordinación con el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y el Ministerio de Educación (Meduca).
Hoy, el VIH ya no es una enfermedad mortal si se detecta a tiempo. El tratamiento antirretroviral es gratuito tanto en el Ministerio de Salud (Minsa) como en la Caja de Seguro Social (CSS).
Quintero lo explica con su propio ejemplo: pasó de tomar 16 pastillas al día a solo una tableta diaria gracias a la triple terapia. Ese mismo medicamento, asegura, cuesta más de 3,800 dólares al mes en Estados Unidos, pero en Panamá es totalmente gratuito para los pacientes.
Aun así, cerca de 300 a 400 personas abandonan su tratamiento cada año, muchas veces por miedo, depresión o rechazo familiar.
Si no te tomas el medicamento, estás firmando tu sentencia de muerte”, advierte con crudeza.
El doctor recuerda el día en que decidió hacer pública su condición. El apoyo de su familia y de sus compañeros de trabajo fue, dice, lo que le dio fuerzas para seguir. Pero reconoce que no todos corren con la misma suerte. La discriminación, agrega, empuja a muchas personas a la depresión e incluso al suicidio.
“Hay gente que muere no por el virus, sino por el rechazo”, lamenta.
Quintero hace un llamado directo a la población: toda persona sexualmente activa debe hacerse la prueba del VIH al menos una vez al año. El diagnóstico temprano permite iniciar tratamiento oportuno, evitar que la infección avance a sida y reducir casi a cero la transmisión.
Protegerse con preservativo, hacerse la prueba y, si sale positivo, iniciar tratamiento. Con eso, una persona puede vivir muchos años, con calidad de vida”, recalca.
Su mensaje final también va dirigido a los padres: hablar con los hijos “como amigos, no como sargentos”, para que entiendan la conciencia de riesgo y actúen con responsabilidad.
Porque, como insiste el doctor Quintero, el VIH no mata cuando se detecta a tiempo; lo que mata es el silencio, el miedo y la discriminación.