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Panamá/La clasificación de la Selección de Panamá a su segundo Mundial de Fútbol no solo dejó una estela de celebración, sino también un profundo análisis puertas adentro del cuerpo técnico.
El asistente técnico Javier Sánchez Jara, invitado especial en TVMAX Deportes, detalló la compleja travesía del equipo canalero hacia la Copa del Mundo, un proceso lleno de obstáculos, dudas, fortaleza grupal y decisiones estratégicas que hoy cobran mayor valor tras el contundente 3-0 ante El Salvador en el Estadio Rommel Fernández Gutiérrez.
Sánchez Lara comenzó recordando que la dura derrota contra Honduras no definió el rumbo, pero sí dejó claro que la eliminatoria no permitiría margen de error. El objetivo central, subrayó, siempre fue el Mundial 2026, algo que Thomas Christiansen y su cuerpo técnico tenían claro desde el inicio. Aunque la Copa Oro era una oportunidad para crecer, el verdadero enfoque siempre estuvo puesto en los tres meses decisivos que definirían el destino de Panamá.
El análisis del sorteo de las eliminatorias también fue un punto crucial. Para el asistente técnico, el grupo parecía accesible “en la teoría”, pero el cuerpo técnico sabía que selecciones como Guatemala, El Salvador y especialmente Surinam serían rivales complejos. Sobre este último, Sánchez Jara reconoció que desde el inicio se proyectó como el rival más difícil, tanto por su estilo de juego como por la variedad táctica que mostraba partido a partido.
Surinam representó, según sus palabras, el enfrentamiento más exigente de toda la eliminatoria: condiciones climáticas adversas, una cancha complicada y un rival impredecible que obligó a Panamá a realizar múltiples ajustes. “La gente ve el partido y pasa al siguiente, pero nosotros lo analizamos una y otra vez”, afirmó, destacando la importancia de estudiar cada detalle para evitar errores en ventanas posteriores.
La presión aumentó tras los empates iniciales, especialmente ante Guatemala, donde Panamá generó múltiples ocasiones sin concretar, lo que alimentó la ansiedad del público y generó dudas internas. En un formato donde “no había margen de error”, cada partido se convirtió en una prueba emocional y táctica.
Sin embargo, la fortaleza del grupo terminó imponiéndose. Sánchez Lara subrayó que una de las grandes virtudes del proceso de Christiansen es haber consolidado un equipo que “le compite a cualquiera”, independientemente del escenario. Esa convicción fue clave para encarar salidas históricamente difíciles, como la visita al Estadio Cuscatlán, donde esta vez el cuerpo técnico y los jugadores llegaron con la certeza de que regresarían con los tres puntos.
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Otro aspecto revelador fue la evolución en las convocatorias. Con un universo de 60 a 80 jugadores monitoreados semanalmente, las decisiones se tomaron en función del sistema de juego, las necesidades de cada ventana y el rendimiento real de los futbolistas, sin importar si militaban en Europa, MLS, Liga MX o la LPF. Esto permitió la incorporación de elementos que vivían grandes momentos, como José Fajardo, Cecilio Waterman, Carlos Harvey y Jair Catuy, así como la reaparición de jugadores que ofrecían soluciones puntuales.
El cierre de las palabras de Sánchez Jara dejó una frase potente que resume el espíritu del equipo: la convicción interna siempre estuvo. Y lo ejemplificó con una anécdota: antes de la última ventana, Eric Davis pidió la palabra y dijo: “La primera hicimos dos, la segunda hicimos cuatro, y en la tercera vamos a hacer seis… y vamos al Mundial.”
El resto es historia.
Con la clasificación asegurada, los ojos ahora están puestos en el sorteo del Mundial 2026, que se realizará el 5 de diciembre en Washington, Estados Unidos, donde Panamá conocerá su camino en la cita global.