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Ciudad de Panamá/Las mediciones preliminares de la Universidad Tecnológica de Panamá indican que las aceleraciones registradas en la ciudad fueron considerablemente menores que las del epicentro del terremoto de magnitud 7.5 ocurrido el pasado viernes 9 de octubre.
El vicedecano de Ingeniería Civil, Ramiro Vargas, explicó cómo influyó la distancia, qué reveló el sismo sobre las construcciones del interior y por qué es necesario reforzar las inspecciones estructurales.
Entre el 85% y el 95% de la intensidad de la onda sísmica se habría atenuado antes de llegar a la ciudad de Panamá, es decir, en términos comparativos, las aceleraciones registradas en la ciudad representaron aproximadamente entre el 5% y el 15% de las medidas en el epicentro, según las mediciones preliminares compartidas por Vargas en Noticias AM este lunes 12 de octubre.
"Si este sismo hubiera ocurrido, digamos, en la falla de Pedro Miguel, que estaba a menos de 20 kilómetros de la ciudad de Panamá, la respuesta hubiera sido completamente distinta", explicó.
El ingeniero indicó que, mientras en la zona del epicentro se registraron aceleraciones del orden del 50% al 60% de la gravedad, en la capital los valores estuvieron entre el 4% y el 9%. Esta diferencia ayuda a explicar por qué los edificios de la ciudad respondieron de manera distinta a las estructuras ubicadas más cerca del origen del terremoto.
En el epicentro se produce la ruptura a una profundidad de 12 kilómetros. Eso es bien superficial. Si lo comparamos con el sismo último de Colombia, que tuvo una profundidad de 108 kilómetros, el comportamiento es completamente distinto. Cuando tenemos un sismo superficial, como el que se da en la zona de Azuero y Soná, la radiación del sismo hace que la onda llegue muy atenuada a la ciudad de Panamá", subrayó.
El sismo, registrado el viernes en el sistema de fallas de Azuero-Soná, fue estimado en magnitud 7.5 por el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá y en 7.7 por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Vargas señaló que fue un movimiento fuerte y superficial.
La capital se encuentra a unos 208 kilómetros del epicentro. Según explicó, esa distancia influyó en la disminución de la intensidad de las vibraciones a medida que la onda sísmica se propagaba.
Los registros preliminares de la instrumentación sísmica de la UTP permiten dimensionar la diferencia entre las aceleraciones medidas cerca del epicentro y las registradas en la ciudad de Panamá.
Los valores registrados cerca del epicentro, añadió, estaban en línea con los mapas de isoaceleraciones contemplados en el Reglamento Estructural Panameño.
Esta diferencia en la intensidad del movimiento es importante para entender el comportamiento de las edificaciones. Las estructuras de la capital estuvieron expuestas a aceleraciones considerablemente menores que las registradas en las áreas más próximas al origen del terremoto.
Vargas explicó que, ante las aceleraciones registradas en la capital, los edificios respondieron de manera elástica.
Esto significa que experimentaron movimientos o deformaciones temporales y recuperaron su posición, un comportamiento esperado bajo esas condiciones.
Según lo explicado por el ingeniero, no se observaron daños estructurales significativos en las edificaciones de la capital durante las evaluaciones preliminares mencionadas en la entrevista. No obstante, pueden producirse afectaciones en elementos no estructurales, como paredes, mosaicos y cielos rasos.
El vicedecano advirtió que esta respuesta no significa que los edificios de la capital hayan sido sometidos a las mismas exigencias que las estructuras cercanas al epicentro.
Por ello, el comportamiento observado durante este evento no debe interpretarse como una garantía de que los edificios permanecerían sin daños ante un sismo de gran magnitud ocurrido más cerca de la capital.
El ingeniero recalcó que las estructuras pueden moverse por diferentes causas, entre ellas el viento, los terremotos, las vibraciones ambientales, el paso de camiones pesados y los trabajos de hincado de pilotes. Por esa razón, el movimiento de un edificio no implica necesariamente que exista una falla estructural.
Vargas señaló que el diseño sismorresistente no busca garantizar que una edificación permanezca completamente intacta durante cualquier terremoto. El objetivo es controlar los daños y evitar el colapso, de manera que se proteja la vida de las personas.
Para lograrlo, las estructuras se diseñan con capacidad de disipar la energía sísmica mediante deformaciones en zonas previstas para ese propósito. Aunque pueden producirse daños, estos deben desarrollarse de forma controlada para reducir el riesgo de colapso.
Vargas recordó que el reglamento estructural de Panamá incorpora criterios de diseño sismorresistente acordes con estándares internacionales y los avances de la ingeniería.
El Reglamento Estructural Panameño tuvo su primera versión en 1984 y posteriormente fue actualizado en 1994, 2004, 2014 y 2021, la versión más reciente.
Según el ingeniero, el reglamento contempla los avances tecnológicos, los materiales y las herramientas de análisis disponibles para diseñar estructuras capaces de responder a los movimientos sísmicos.
Sin embargo, insistió en que contar con una normativa actualizada no garantiza por sí solo la seguridad de las edificaciones. Su efectividad depende de que los requisitos se cumplan durante el diseño y la construcción, y de que existan inspecciones y mantenimiento adecuados.
El ingeniero identificó como factores de riesgo las construcciones realizadas sin análisis ni diseño estructural, la construcción informal, la falta de fiscalización y el deterioro de las edificaciones por ausencia de mantenimiento.
También señaló que el cumplimiento de las normas no es uniforme en todos los municipios. Aunque existe la figura de ingeniería municipal, explicó que algunas alcaldías tienen limitaciones para ejercer estas funciones, por lo que la aplicación de los controles es parcial.
A su juicio, se necesita personal idóneo que pueda revisar los proyectos, inspeccionar las obras y verificar que las construcciones cumplan con los requisitos técnicos.
Vargas explicó que la UTP mantiene un programa de instrumentación sísmica que cuenta con acelerógrafos instalados en edificios y en campo abierto.
Estos equipos registran las aceleraciones producidas por los movimientos sísmicos. Los datos obtenidos se utilizan posteriormente en modelos computacionales para analizar la respuesta de las estructuras y estudiar las características del movimiento.
Según el ingeniero, el programa tiene equipos instalados en alrededor de 200 edificios. Aunque consideró importante la cobertura alcanzada en las edificaciones, planteó la necesidad de incorporar más instrumentos, especialmente en campo abierto.
El objetivo es fortalecer el monitoreo y disponer de más información para comparar el movimiento del terreno con la respuesta de las estructuras.
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